“El liderazgo de Brasil no le resultó al Mercosur”
El ex asesor para América latina de Bill Clinton opina sobre el futuro del bloque regional, habla de la reciente visita de Bush al Cono Sur y de los beneficios de los TLC.
Por
Antonio D’Eramo
El profesor de la Universidad de California-San Diego, Richard Feinberg, es uno de los analistas políticos de Washington que mejor conoce a la Argentina. En 1994 fue el arquitecto de la Cumbre de las Américas en Miami y se desempeñó como consejero de Asuntos Interamericanos durante la presidencia de Bill Clinton. Defensor de los Tratados de Libre Comercio, estuvo en Buenos Aires dictando conferencias y entrevistándose con políticos y empresarios, pocas semanas después de la visita que realizó el presidente George W. Bush a Latinoamérica. "La gira por algunos países de América latina no fue un gesto menor, teniendo en cuenta los problemas internos que sufre George W. Bush y su amplia agenda global. El viaje presidencial fue una espectacular muestra de interés de Washington por la región", afirma el especialista.
Fortuna: La administración Bush parecía hasta ahora tener bastante olvidado a los países de Sudamérica.
Feinberg: Existe la sensación de que EE.UU ha desatendido a América latina durante los últimos seis años. Pero tenga en cuenta que el actual ocupante de la Casa Blanca realizó ocho viajes a la región y ha otorgado ayudas económicas directas, redujo el coste de las transferencias de dinero de los inmigrantes y avanzó con Tratados de Libre Comercio.
Fortuna: La Casa Blanca está tanteando al gobierno uruguayo de Tabaré Vázquez para firmar un tratado bilateral de libre comercio. ¿Representa la primera avanzada estadounidense en el seno del Mercosur?
Feinberg: Yo no puedo, en estos momentos, saber qué es lo que están pensando los dos gobiernos. Pero lo que yo veo es que los uruguayos están frustrados con el propio progreso de las negociaciones en el Mercosur. Es evidente. Pero hay que anotar que en Estados Unidos todavía se encuentran pendientes de aprobación en el Congreso, los TLC de Perú, Colombia, Panamá, y hasta de Corea del Sur. Por lo que hay que ser cautos sobre los próximos movimientos y aguardar los tiempos políticos.
Fortuna: El acercamiento a Montevideo, ¿puede ser la respuesta estadounidense al ingreso de la Venezuela de Chávez al Mercosur?
Feinberg: Yo estoy sumamente sorprendido por la manera en que Venezuela ingresa al Mercosur. Para que un país pueda ingresar en la Unión Europea se necesitan años de negociaciones y se debe construir un consenso. Por lo que una decisión tan importante como la de ampliar el Mercosur a otro país, sin debates, es sorprendente. Yo hubiera imaginado que un país que quiere ingresar a la unión aduanera antes debería cumplir ciertas condiciones. Si un país quiere ingresar a la Unión Europea antes debe cumplir con muchísimas reformas. Además, el Mercosur se define como un bloque democrático, donde los países están comprometidos a defender la democracia en todos los países que componen el bloque. Es un acuerdo muy avanzado. ¿El gobierno de Venezuela, de Hugo Chávez, está conforme con estos acuerdos básicos?
Fortuna: ¿Para usted, Venezuela está comprometida en defender la democracia?
Feinberg: Hay redefinir la palabra democracia. Venezuela, en la OEA, siempre señala que no está a favor de la democracia representativa. Chávez quiere una democracia participativa. Y eso también genera inquietud y es fuente de inseguridad jurídica para los inversores.
Fortuna: ¿Por qué cree usted que las inversiones se demoran en la Argentina a pesar de ser una de las economías que más crece en el mundo?
Feinberg: Por los discursos que he analizado del presidente Kirchner he llegado a la conclusión que Argentina va a competir en materia comercial y de inversiones con el resto del mundo potenciando sus recursos y ganando competitividad y escala. Veo que Kirchner está a favor de abrirse al mundo y de firmar nuevos acuerdos a nivel bilateral y regional, siempre que sean negociaciones que traigan ventajas a la economía nacional. En ese sentido, escuché a Beatriz Nofal en Washington, como representante en su nuevo puesto de promoción de inversiones, reconociendo que la Argentina necesita incrementar sus inversiones hasta el 25% de su PBI para obtener un crecimientos sustentable. Y la firma de TLC puede darle a su país un mayor flujo de inversiones. Piense usted que en la Argentina las políticas públicas parecen cambiar cada diez años. Si uno es un empresario, ante una situación tan cambiante, no realiza inversión alguna o pide grandes tasas de ganancias para cubrirse cuando cambien las reglas del juego. Un TLC traería una gran dosis de seguridad jurídica. Sería una muy buena señal para los inversionistas a lo largo de tiempo.
Fortuna: Los tratados parecen ser una barrera más hacia la liberalización del comercio mundial. En la OMC hay funcionarios que piensan que los TLC están frustrando la Ronda de Doha.
Feinberg: La Ronda de Doha está moribunda. Con leves esperanzas de supervivencia y se aguardan decisiones importantes de las potencias económicas. Los acuerdos bilaterales y regionales se producen mes tras mes, y ya hablamos de 200 acuerdos firmados en todo el mundo por el estancamiento de las conversaciones de negocios en la OMC. Es preferible tener un buen acuerdo con algún país o región que esperar un acuerdo perfecto que no llega nunca, como es el que se propone en Doha. No hay dejar que lo perfecto sea enemigo de lo bueno.
Fortuna: ¿Usted propone que los países del Mercosur puedan firmar tratados separados del bloque? No parecer ser esa una postura que avale ni Brasilia ni Buenos Aires.
Feinberg: En vez de contestarle en abstracto acerca de si a la Argentina le conviene negociar sola o en conjunto con el bloque, yo le prefiero demostrar que hasta el momento el liderazgo de Brasil no le ha dado buenos resultados a los productores argentinos, ni a ninguno de los miembros del Mercosur. Durante la gestión de Bill Clinton siempre estuvimos a favor del Mercosur al demostrar que es consistente con las reglas comerciales internacionales. Además, desde el punto de vista diplomático, el bloque fue muy importante y en Washington se reconocieron los logros de aliviar las tensiones militares entre Brasil y la Argentina. Pero el liderazgo brasileño fue puesto en duda por los socios menores del bloque. Fíjese que no se han cerrado acuerdos comerciales ni con Chile, ni con la Unión Europea y tampoco con Estados Unidos. A niveles bilaterales, regionales y globales no se ven mercados más abiertos a los productos del Mercosur como resultado de las negociaciones llevadas adelante por Brasilia.
Fortuna: ¿Cuáles son los pronósticos para el futuro con este escenario?
Feinberg: La pérdida de la competitividad. Otros países sí están abriendo mercados. Por ejemplo, México tiene acceso a Europa porque ellos sí cerraron sus acuerdos con la Unión Europea, mientras que ustedes, no. Entonces, los productos mexicanos tienen ventaja al ingresar al viejo continente. En los años ´90, los gobiernos de la Argentina y de otros países latinoamericanos querían negociar acuerdos de libre comercio para poder competir con los productores mexicanos. Ahora que los mexicanos tienen la posibilidad, a través del NAFTA, de introducir productos a Estados Unidos le están llegando inversiones de Asia, y de otros países, para poder vender libremente en el mercado norteamericano.
Fortuna: Se puede especular con que Brasil no quiere integrarse hemisféricamente, pero uno tiene la sensación que en Estados Unidos también se fomenta el proteccionismo.
Feinberg: En EE.UU hay bastantes debates sobre los TLC. Hay un sector del Partido Demócrata que dice estar a favor pero sólo bajo ciertas condiciones. En el Partido Republicano se viven momentos de incertidumbre por la debilidad del presidente Bush. En Brasil también hay sectores económicos muy fuertes que se oponen a una mayor apertura económica. En los dos países hay grupos proteccionistas que utilizan una retórica solapada, como cuando hablan de los derechos de los trabajadores, o algún interés nacional. Nunca nadie dice yo soy proteccionista. Pero existen y son sectores fuertes a los que sólo les importan sus empresas sin ponerse a pensar en si favorecen a su propio país.
Fortuna: ¿Cómo se hace para que un país poderoso no termine por avasallar la soberanía de un país en desarrollo?
Feinberg: Con frecuencia los países latinoamericanos utilizan el concepto de soberanía como escudo para esconder políticas atrasadas. Que el gobierno argentino no mezcle soberanía con políticas retrógradas. No es el caso, yo observo que el gobierno de Kirchner tiene una actitud de apertura al comercio internacional. Y si se alcanza un acuerdo justo que genera beneficios a la economía de un país no puede haber avasallamiento soberano. En el caso particular de Estados Unidos nos estamos ahogando en importaciones. La cuenta corriente y la balanza comercial arrojan resultados sumamente negativos. Casi todo el mundo tiene un balance favorable con EE.UU, inclusive muchos países desarrollados. Por eso es un poco difícil acusar a mi país de ser demasiado proteccionista.
Fortuna: Pero EE.UU es proteccionista en el sector agrícola. En ese sentido las denuncias argentinas y brasileñas parecen tener fundamento al pedir una verdadera liberalización de la economía mundial.
Feinberg: Lamentablemente es muy difícil para los distintos ocupantes de la Casa Blanca reducir los subsidios agrícolas. Porque este sector tiene un poder político muy fuerte y para reducir su poder necesitamos la ayuda del Mercosur y de la Argentina. El gobierno de Estados Unidos necesita demostrar a sus ciudadanos que si entramos en negociación con otros países que necesitan que se reduzcan los subsidios agrícolas, muchos otros sectores de la economía van a ganar al tener más oportunidades en otras regiones. En el Mercosur también hay que dar la batalla y enfrentar a los sectores proteccionistas explicándole a la sociedad en general que al abrir los mercados muchos otros sectores se van a beneficiar. Hay que realizar alianzas entre los sectores más productivos de nuestros países para confrontar a los sectores más retrógrados, ineficientes y protegidos.